Esta semana me tocó ir a merendar con mi madre en una confiteria muy bonita de Asunción, realmente cometi hasta la gula comiendo de todo lo que queria y disfrutando de la compañia de mi madre, son momentos tan significativos para mi, son minutos quizás menos de una hora, donde veo su sonrisa y podemos hablar de cualquier cosa que nos hace reir y de temas serios también.
Lo que aparte de esta bonita salida me ha producido felicidad y me ha enseñado una vez más es que uno puede ser feliz con poco es que en el momento que teniamos que abonar en caja, mi madre fue al sanitario, y mientras realizaba el pago, en ese mismo instante a mi costado izquierdo veo una mano muy entusiasmada de un niño apurado por encontrar dentro de un frasco bastante grande, unas gelatinas de un sabor específico, me causó ternura verlo así tan agitado buscando las gelatinas que le pregunté al ñiño si le gustaban mucho y dijo que ¡SI! asintiendo con la cabeza y con una sonrisa amplia que le iluminaba el rostro...
Soy igual que ese niño, estaba feliz de compartir con mi madre esa tarde, y ese niño estaba feliz de poder comprar esas gelatinas, debiendo añadir para comprender aún más la escena, que ese niño es de los pequeños que piden dinero en los semáforos. Ojalá cuando veamos un niño por la calle pidiendo dinero, no le neguemos una moneda emitiendo juicios de valores no acertadas ya que con esa moneda le podriamos dar la oportunidad de ser feliz con poco.
Lo que aparte de esta bonita salida me ha producido felicidad y me ha enseñado una vez más es que uno puede ser feliz con poco es que en el momento que teniamos que abonar en caja, mi madre fue al sanitario, y mientras realizaba el pago, en ese mismo instante a mi costado izquierdo veo una mano muy entusiasmada de un niño apurado por encontrar dentro de un frasco bastante grande, unas gelatinas de un sabor específico, me causó ternura verlo así tan agitado buscando las gelatinas que le pregunté al ñiño si le gustaban mucho y dijo que ¡SI! asintiendo con la cabeza y con una sonrisa amplia que le iluminaba el rostro...
Soy igual que ese niño, estaba feliz de compartir con mi madre esa tarde, y ese niño estaba feliz de poder comprar esas gelatinas, debiendo añadir para comprender aún más la escena, que ese niño es de los pequeños que piden dinero en los semáforos. Ojalá cuando veamos un niño por la calle pidiendo dinero, no le neguemos una moneda emitiendo juicios de valores no acertadas ya que con esa moneda le podriamos dar la oportunidad de ser feliz con poco.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario!